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Anticiparse, la clave para sobrevivir

No es noticia que la llegada de los cultivos estivales trae una serie de dificultades que ponen a prueba la rentabilidad del productor. Cargas impositivas, tipo de cambio desfavorable, los ROE’s y el aumento del costo de los insumos son algunos factores que desalentaron la actividad y siembran el interrogante de su sustentabilidad.

En este contexto, el arrendamiento fue uno de los subrubros más afectados, a tal punto que los distintos actores del sector subrayan que hoy es imposible obtener rentabilidad. Entre la espada y la pared, quienes no cuentan con campo propio se debaten entre contratar o no contratar, sembrar o no sembrar.

Aquí es donde el ingenio del productor hace la diferencia. En Entre Ríos, Javier Alonso tomó una seria de medidas para amortiguar los golpes y mantener su estructura de producción agropecuaria, que cuenta además con una empresa de camiones de transporte y un pulverizador para las labores.

“Se baja el área por un tema financiero, dado que el número no cierra”, cuenta el productor a Infocampo. Para esta campaña, Campo de Avanzada (su grupo empresario) sembrará en unas 4.500 hectáreas, cuando un año atrás superaba las 7.000. Todo, 100% arrendado.

Cerrar rápido los contratos

Su estrategia se basó en la anticipación. Alonso renegoció en tiempo récord los contratos con los dueños de los campos, que se extienden por el centro-este de la provincia. La mayoría fue a porcentaje: acordó un 20% en los campos de Villaguay, ubicados en el sur, y un 15% en la zona de Federal, en el norte, un menor porcentaje al encontrarse a más de 400 kilómetros del puerto.

“La zona centro de Villaguay-Concepción es bien agrícola desde hace 10 años, los campos están con una agricultura permanente en directa. En el norte está todavía la ganadería a la vuelta y hay una actividad mixta. Hay bastante monte, campos marginales y es donde más achicaron la superficie por productividad y distancia con los puertos”, describe. Con otro puñado arregló un número fijo, donde Alonso consiguió una baja de hasta un 50%. “Arreglé en cuatro quintales, cuando el año pasado cerraba en siete. Y a cosecha, sin nada de anticipos”, agrega.

Una conjunción de factores ayudaron a acordar los alquileres con anticipación. Por empezar, reconoció que había el temor general, producto de que sobrevolaba en el aire una sensación de que iba a derrumbarse la producción. “Estábamos asustados tanto nosotros como los dueños de los campos, y ayudó que fue un año para cerrar un alquiler con una baja tan importante. En Córdoba , mis socios consiguieron quitas en los alquileres, pero no más del 20 o 25%; claro que sacan soja de 35 o 40 quintales”, cuenta.

En segundo lugar, hace hincapié en la mala experiencia que tuvo la región durante la campaña pasada, perjudicada por las lluvias inoportunas: “Fue bastante flojo por los excesos de agua durante noviembre, justo en el momento de la siembra. No paró más, no pude sembrar en fecha y lo que sembrábamos se nos pudría o lo teníamos que resembrar, o tenía mucho costo. Después, se cortó el agua cuando la necesitábamos para el llenado de granos, en febrero-marzo. Fue un combo medio complicado”.

Todo esto, sumado a que no había demasiada competencia a la vista, hizo que el mercado se hiciera rápido. “Ya algunos el año pasado se habían quedado sin alquilar por dilatar la negociación.”
Atacar desde temprano. La anticipación es la clave para salir airoso, no sólo en el negocio sino también en el principio del manejo. Una vez que estrecha la mano con los dueños de los campos, Alonso empieza con los barbechos. Apenas percibe algún nacimiento de malezas realiza los controles preemergentes.

“Hemos aprendido mucho sobre el manejo de rama negra (conyza bonariensis), que te diría ha sido el mayor problema de los últimos años. Cuando se estira el período de rama negra, de agosto a los primeros días de septiembre, si no hiciste un barbecho con anticipación empieza a estirarse y no hay con qué darle”, admite.

En invierno hace un glifosato con baja dosis. “Una vez que levantamos la cosecha, al poco tiempo se entra con una dosis mínima de glifosato y hacemos una sulfonilurea, que puede ser metsulfurón en el caso de soja y glifo y atrazina en el caso del maíz”, señala. Eso, explica, es básicamente su barbecho de arranque.

Durante la fina, Alonso decidió evitar al trigo, dado que Entre Ríos no suele caracterizarse por sacar trigos de alta calidad. En consecuencia, las dificultades de insertarlos en el mercado son aún mayores. Actualmente, se encuentra terminando los segundos barbechos, con otra aplicación de glifosato e imazetapir. “Hemos empezado a usar muchos los preemergentes, a cambiar los principios activos por ese tema de las malezas resistentes. El objetivo número uno es el rendimiento, y no dudo al momento de contratar una o dos fumigadoras más para llegar a tiempo con los barbechos y los controles de insecticida. Es algo que no ponemos en la balanza”, justifica.

La estrategia

De las 4.500 hectáreas arrendadas, Alonso hará solamente 600 de maíz -el 13% de la superficie-por exigencia de un dueño que pidió un 30% de rotación del área. Todo un síntoma del difícil momento que atraviesa el cereal. “No queríamos incurrir en más inversión y crédito porque veníamos golpeados de la campaña pasada. Te diría que, históricamente, tuvimos un 30 o 40% de rotación soja-maíz”, admite.

Para la soja, Alonso decidió aumentar de 30 a 80 el porcentaje de la variedad Intacta. No le dará un aumento significativo en el rinde porque venía utilizando variedades con potenciales similares. “La genética la tenemos, más allá de las variedades que sean Intacta”, dice.

Sí tendrá menos gastos. “Más allá del canon, que tiene su costo y estamos pagando o declarando, vamos a ahorrar en agroquímicos. Eso es lo que tiran las planillas cuando hacemos el presupuesto. La realidad se sabrá al final”, dice el productor, que imagina un ahorro del 15% del costo de producción en relación a la convencional. “Tenés unas entradas menos con el mosquito y un par de aplicaciones menos de insecticida. Nos va a dar más tranquilidad y estabilidad.”

Para el momento de la fertilización, Alonso explica su manejo: “Los maíces los chorreamos con Solmix y este año ya está aplicado lo que hemos sembrado; apuntamos a 100 kilos de nitrógeno, entre lo que le ponemos y lo que aporta el suelo, y hacemos un diamónico de base. Con la soja, este año vamos a usar superfosfato triple y tiraremos entre 50 y 60 kilos”.

La duda en cuestión es si tanto costo generará los kilos necesarios para soportar arrendamiento, siembra, insumos, labores, cosecha y flete. Alonso calcula su rinde de indiferencia en 22 quintales. Sumándole un 20% por alquiler, la cifra sube a 28.

Si bien en la campaña pasada tuvo un promedio general de 26 quintales, el productor advierte que los rendimientos de los campos varían según la región. “El promedio histórico de soja de primera en el sur es de 31 quintales, mientras que en la zona norte estamos en 24 quintales en los últimos años. El sur es el menos castigado por temperaturas, porque en verano hacen 38 grados. En el norte te hacen hasta 42 grados”, asegura Alonso, que concluye: “Para sacar 3.000 kilos de promedio en 4.500 hectáreas te tiene que salir todo muy bien”.

Mantener la estructura del negocio

Con el progreso de Campo de Avanzada, Alonso buscó alternativas que potenciaran el crecimiento de su empresa. Fundó su empresa de logística y transporte para que el precio del flete se lo fijara él mismo. Actualmente, cuenta con cinco camiones que abastecen el traslado de su producción y también de terceros. “Terminó siendo una fuente de rentabilidad. Si bien es todo el grupo, al momento de la gestión lo tratamos de manejar como empresas separadas y diferentes”, advierte.

También adquirió un pulverizador, que le permite hacer las labores de aplicación sin depender de los tiempos del contratista rural. “Ha habido algo más estratégico, porque teníamos una zona grande de influencia donde sembrábamos bastante”, aclara Alonso, que explica por qué invirtió en estos dos rubros: “Laburan todo el año. Si se programa con la producción, al camión lo trabajás todo el año. Lo mismo con el pulverizador. No así la siembra o la cosecha: son labores puntuales de un mes y medio”.

“La disyuntiva es hasta cuánto me achico. Decidí mantener el circo armado porque por ahí me empiezan a comer los costos de estructura”, dice.

Las medidas

Cerró rápido los contratos de arrendamiento, la gran mayoría yendo a porcentajes del 15 al 20%, dependiendo la zona. Con aquellos que pidieron un número fijo consiguió quitas de un 50% y a cosecha.

Apenas concreta, empieza rápidamente con los barbechos. Mediante controles preemergentes, para ahorrarse problemas de malezas, especialmente rama negra.

En soja hará un 80% de Intacta, que le da tranquilidad y estabilidad, además de un ahorro de hasta un 15% en costos de insumos en relación a las variedades convencionales.

Fuente: Agustín Monguillot, Semanario Infocampo

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