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El consumo, con signos de fatiga

Mercado pasado por agua, con una oferta ganadera que sufre fuertes oscilaciones semana a semana y mes a mes, pero que no reacciona ni con entradas reducidas.

Por razones estacionales, sigue saliendo el enorme volumen de hacienda que el feedlot encerró entre marzo y junio, cuyo flujo no se moderará hasta dentro de 45-60 días. Hoy los corrales están reponiendo una mínima proporción de lo que venden, pero todavía la salida de gordo es muy abundante, contribuyendo a que la oferta ganadera total sea sensiblemente más alta que un año atrás. La oferta de carne de pollo ha cedido algo con respecto a los altísimos niveles de mediados de año, que llevaron a un consumo cercano a los 44 kilos, pero esa reducción de la oferta no es significativa y se siguen registrando nuevas bajas de precios a nivel mayorista, lo que trae como consecuencia un incremento en las pérdidas operativas.

A este nivel de producción, y sin la posibilidad de descongestionar el mercado local con un aumento significativo de las exportaciones, el consumo sólo se hace cargo del enorme volumen ofertado a precios que se ubican claramente por debajo de los costos de producción. Habría que reducir el actual nivel de producción, pero pese a que la oferta se concentra en un puñado de empresas, esto parece más fácil de decir que de llevar a la práctica. Así las cosas, la oferta de todo tipo de carne (vacuna, aviar, porcina) totaliza hoy unos 114 kilos (equivalente anual), lo que satura a un mercado que empieza a mostrar por el lado de la demanda evidentes señales de fatiga.

Este año ha sido de clara desaceleración económica, y los “brotes verdes” que en julio y agosto mostraron algunos sectores de la economía, y que hicieron pensar a muchos economistas que la actividad económica estaba tocando un piso, ahora parecen marchitarse. El mercado de la carne vacuna, dado el papel completamente marginal que cumple la exportación, que no significa más de siete por ciento de la demanda, depende hoy casi totalmente de la demanda doméstica, determinada esta en gran medida por el nivel de actividad económica.

No es casual que la fuerte desaceleración de la economía en 2012 haya coincidido con una baja en el precio de la hacienda, no ya sólo en términos reales, sino también en términos nominales. Desde marzo el novillo en Liniers ha caído 11 por ciento en moneda corriente. Para el año próximo, el nivel de actividad económica sigue siendo una incógnita: hasta hace pocas semanas se daba por hecho que la actividad económica había tocado un piso, y que durante el 2013, el PIB podría crecer hasta cinco por ciento. Otros economistas destacan que en estas últimas semanas la actividad económica ha mostrado nuevamente un preocupante retroceso, y que de cara al 2013 subsisten muchos de los problemas que trajeron la caída del PBI en 2012: la inflación, que tiende al 27-30 por ciento anual, la caída del empleo, la incertidumbre, la caída de la inversión, la caída de las exportaciones e importaciones, el cepo cambiario, la brecha cambiaria, el atraso en el tipo de cambio y la pérdida de competitividad, el parate en la construcción, entre otros.

Los más pesimistas consideran que la recuperación de la cosecha gruesa (en precios y en volumen) y de la demanda brasileña por productos industriales argentinos son dos factores importantes para liderar la recuperación económica; pero que no tienen el peso suficiente para compensar los factores negativos anteriormente aludidos.

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